
Voy ataviada de sangre inocente.
Dicen que la guerra hace humanos
aunque parte de mí ha muerto en ella.
El cantar de las balas acompaña
ese gris manto de los sin vida.
Partí por mi patria
sin tener religión o enseñanza.
Bebo mis años frescos
amamantándome de armas.
Mi sombra hambruna, cuerpo de
dolor y rabia.
Vuelvo a mi ayer,
Ya no me aguardas. Retornaste
con otras almas, lejos
de los campos de batalla.
Carmen Puerta
Me coges descolocado con esta Estrie bélica o quizás es una Leanhaum-Shee harta de tanto desamor. Hay algo escondido en estos versos que todavía no he descubierto. Algo profundo que sangra dolor profusamente. Lo descubriré. Mientras tanto me empaparé de toda la carga dramática que encierran estos versos.
ResponderEliminarUn beso (hoy azul oscuro, como el azul del mar profundo...)
Es más facil amigo mio, cuando el alma se rompe no tiene arreglo, solo aprender a vivir con ella así. Yo te envío el poemario y lo descubres, es una bella historia. azul muy azul para ti
ResponderEliminar¡Hola Carmen! tienes una elegancia narrativa bárbara, con esa cadencia meliflua de tu poesía. Me gusta mucho el tema, me atrae la siniestra presencia gótica de algunas de las imágenes, como ésta, que acompañan al texto. La foto es genial, me encantan este tipo de enseñas. Una historia cruenta, atroz, sanguinolenta, que hede a sangre y a dolor, fragor de una batalla. Un saludo
ResponderEliminargracias Víctor, un abrazo enorme
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